La diferencia entre el éxito y el fracaso de un proyecto empresarial puede residir en un adecuado control del negocio. Este control es necesario en todas las empresas, con independencia de su tamaño.
Para realizar un control efectivo, eficaz y eficiente de la evolución del desempeño frente al mercado y a los clientes, debemos disponer de datos objetivos, concretos, medibles y cuantificables, que permitan analizarlos a lo largo del tiempo y así tomar las decisiones adecuadas basadas en información real cuantificable y no en intuiciones, contribuyendo a generar más negocio y, como consecuencia, al crecimiento sostenible de la empresa.
Estos datos e información para conocer y valorar determinadas características del negocio y su evolución se denominan indicadores.
Según el tamaño y la complejidad de la empresa se seleccionan los indicadores inductores del éxito. Para ello, se contempla desde 4 perspectivas:
- Financiera
- Cliente
- Procesos
- Aprendizaje y crecimiento





